¡Siempre tienes que escribir el último wasap!

mentiras-whassHasta hace apenas unos años, cuando dos personas discutían lo hacían cara a cara la mayor parte de las veces, pues el teléfono resultaba demasiado caro para mantener una conversación larga y acalorada, y las discusiones epistolares, bueno, estas se quedaron obsoletas hace dos siglos.
En cualquier caso, vamos a ponernos en el caso de una pareja que tenía un conflicto, más o menos grave (esto lo dejo a la imaginación del lector), y se encaraban uno con el otro. Se decían cuatro verdades, un sinfín de improperios, algún que otro reproche: ya se sabe, “es que la culpa la tiene tu madre, que no nos deja en paz”, o “prefieres estar con tus amigotes que conmigo”, por seguir el método tradicional.
Incluso podía producirse el vuelo rasante sin autorización de algún objeto no volante, pero sí identificado, en mitad de la diatriba y por eso de que lo que no puedo decir con palabras lo manifiesto con hechos contundentes, que en el mejor de los casos acababa contra la pared y en el peor contra la coronilla de alguno de los protagonistas.
Y tras muchos dimes y diretes, y algún que otro vete por dónde has venido, y que te aguante tu… madre, uno decía algo, ya más calmado y la otra le respondía, dando por sentado que ella (solía ser ella) tenía la última palabra.
Sin embargo, este hermoso método de discusión tan al uso en nuestra civilización se está perdiendo a pasos agigantados. Ahora esa misma pareja discute, y uno o una se va, se aleja físicamente, y nada más dar cuatro pasos en dirección opuesta a su contrincante saca del bolsillo su arma mortal, el instrumento más despiadado que ha podido inventar el hombre y que tanto daño ha hecho a nuestra sociedad: el Smartphone o teléfono inteligente (en el mismo momento en que decidimos que un aparato era inteligente la sociedad entró en clara decadencia).
Con dicha “arma” en la mano, empieza de nuevo un ataque despiadado y cruel, amparado por la distancia que da estar lejos del objeto/sujeto de nuestros ataques: manda mensajes por wasap. Y la persona que está al otro lado responde una y otra vez. La discusión se va, aparentemente, acalorando, pero ninguna de las personas afectadas ha dicho palabra, sino solo frases mal escritas y con faltas de ortografía y de puntuación, que llevan a más confusión todavía, escritas en una ridícula pantalla, en la que para más inri aún tienes la foto tuya y de tu pareja de cuando erais felices.
Y la discusión online puede durar horas y horas… hasta que uno de ellos escribe el último wasap. Por tanto, ahora ya una persona no puede reprocharle a otra lo de “es que siempre tienes que tener la última palabra”, pues no es verdad; ahora la verdad es que “siempre tienes que escribir el último wasap”.
¡Qué Dios nos coja confesados!

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