Leyendo a Pessoa

imagesCada vez que me siento triste, desconcertada o perdida vuelvo a tu libro. Abro sus páginas, en cualquier lugar, donde los dedos se detienen, y leo lo primero que me salta a la vista. Cada vez que la vida me desasosiega, vuelvo a tu Libro del desasosiego, Pessoa.

Regreso a un punto que tú un día transitaste, que tú sentiste y viviste: si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre del sentir, dices en tu libro (o mejor dicho, en ese libro que se hizo de retazos de pensamientos tuyos). Y ahora yo te digo, amado Pessoa, si leo tus palabras y las de otros autores, es porque así apago las llamas de inquietud y temor que llevo dentro, una hoguera que permanece en silencioso crepitar unas veces y que, otras, se enciende con denuedo, como si el lobo malo del cuento estuviera soplando y soplando, como si el leñador del bosque hubiera arrojado un puñado de madera nueva.
Y de repente, en mitad del día, en mitad de la vida, algo vuelve a arder dentro de mí, y entonces leo, escucho música (no cualquier música)… y vuelvo a escribir. Después de semanas, de meses, regreso al lugar común en el que siempre me he sentido bien, en la escritura; regreso al origen de mis deseos, el escribir; regreso al interior de mi misma, pues cada palabra, significante o insignificante, lleva algo de mí misma; cada frase describe un poco lo que soy o lo que fui o lo que quisiera ser.
Por un rato, por un momento, abandono el mundo real que me rodea y me sumerjo en los pensamientos que me crean, que me hacen ser quien soy. Vuelvo a la materia más pura y desconocida de mi misma para encontrar a esa persona que bulle dentro de mí y que tan poco se conoce. A veces, hasta yo la desconozco; son tantas las ocasiones que me asalta con pensamientos que creía ajenos a mí; que me sale al paso con sensaciones, emociones, que no sabía que me pertenecieran. Y entonces, regreso al útero de mi creatividad para escribir lo primero que se me ocurre, esto mismo que ahora destilo en el papel.
Tal vez, solo tal vez, y salvando las distancias, por eso me identifico tanto contigo, Pessoa; un pensador, un sentidor (ya sé que esta palabra no existe, pero ahora no encuentro otra mejor), un buscador y un inconformista. Yo soy quizás un poco de todo eso, pero en dosis homeopáticas. O quizás no sea nada de todo ello, pues a veces nos imaginamos quienes somos y vivimos en la ilusión de lo que no existe, ilusión que acaba perteneciéndonos más que la propia realidad. No sé; pero sí sé, que, sea lo que sea, sienta lo que sienta, siempre tendré las palabras sabias de otros que las supieron nombrar mejor que yo, y mis torpes y livianas palabras que hilo, una tras otra, para intentar completar el tapiz de mi vida.
El gobierno del mundo comienza en nosotros mismos (esta es la frase que ha saltado a mis ojos nada más terminar de escribir este texto)
Fernando Pessoa
El libro del desasosiego

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