Heroínas

Tenía que dejarla definitivamente.

Aquella historia que le había permitido vivir momentos heroicos se tenía que acabar, como tantas otras cosas que acaban en  la vida. Muchas buenas y otras no tanto, se dijo. Pero ahora estaba desvariando, hacía tiempo que las ideas de su cabeza se disparataban, por momentos creía enloquecer.

Cada día al levantarse se hacía el mismo firme propósito: de hoy no pasa que la deje definitivamente. No, no puedo seguir así, me está destrozando la vida. Y con ese ánimo, insuflada por el reciente encuentro que había mantenido el día anterior, y aún con las sensaciones de los últimos momentos impresos en su cuerpo y en su mente, se sentía fuerte para asumir que ahora sí podía dejarla, podía abandonarla y empezar de nuevo.

No iba a ser fácil, y eso bien lo sabía. Llevaban demasiado tiempo juntas, eran muchos los momentos, espléndidos, apoteósicos, que habían pasado. Aunque no siempre sus encuentros se caracterizaron por la grandeza y la exaltación. Hubo días en los que le había fallado. Su comportamiento había sido errante, estaba allí con ella, sin embargo, no podía sentirla igual. No pocas veces parecía que la ignoraba, como si sus necesidades no le interesaran en absoluto.

Cuando esto ocurría era cuando más la necesitaba. Entonces sí que creía enloquecer, le reclamaba a gritos, le exigía su atención y si no la obtenía, lloraba como una niña desconsolada. ¡Cuántas veces le pidió que la salvara de sí misma, que no la dejara caer en el abismo de la desesperación! Aunque en esos momentos, siempre acudía en su ayuda.

La deseaba tanto como la repudiaba. Era enfermizo e imposible aquel amor que había nacido entre las dos. Ella había llegado en uno de los peores momentos de su vida: había perdido a la persona que más amaba y su estado anímico era desesperado. En aquella época, cada día era un suplicio iniciar la jornada. Lloraba constantemente, iba por la calle con la actitud de perro apaleado, y parecía que aquello no iba a acabar nunca.

Entonces la conoció. De casualidad, como llegan las grandes historias a nuestras vidas. Y desde el primer momento su presencia causó un efecto renovador en ella. Se sintió feliz y exultante por primera vez en mucho tiempo. Al principio no la buscaba a diario, las buenas relaciones llevan su tiempo. Pero cada vez que se encontraban, volvía a renacer de sus cenizas. Y poco a poco la relación se hizo continua. Hasta no poder estar sin ella. Y fue ahí cuando todo empezó a ir de mal en peor.

Lo que parecía la salvación de su vida se convirtió, sin que se diera cuenta, en su ruina absoluta. Pero ya no podía vivir sin ella. Cada día la buscaba con angustia.

Había intentado dejarla varias veces. Se encerraba en su casa, apagaba el móvil y el teléfono fijo y se escondía bajo las mantas de la cama para intentar dormir, no pensar, olvidar… Y lloraba, lloraba más aún que la vez que había perdido a la persona que tanto amara, lloraba de angustia, pues no se imaginaba un futuro sin ella. Pero sabía que tenía que resistir, era cuestión de tiempo. Si aguantaba los primeros días, luego sería menos malo, y a medida que pasaran las semanas, todo iría mejor. Estaba demostrado científicamente: el tiempo lo cura todo.

Pero, ¿cómo resistir hasta que el tiempo fuera pasando? La vez que más había aguantado sin ir a buscarla de nuevo –y ella siempre estaba dispuesta a volver, hay que reconocerlo- había sido una semana, aunque había sido un verdadero martirio.

Sin embargo, ella era una mujer fuerte. Recordaba la época anterior a aquel declive, en la que no había necesitado de nada ni de nadie. Entonces era independiente, inteligente y capaz, se mantenía en forma y hermosa. Había sido una mujer dispuesta a comerse el mundo, y ahora el mundo la había engullido y la escupía como producto de desecho.

Y todo por su culpa.

Hoy es el primer día de mi nueva vida, se dijo a sí misma. Hoy no iría a buscarla, ni mañana, ni pasado… ni nunca más. Ahora sí que estaba dispuesta a dejarla para siempre. Como pudo, se duchó, se maquilló, se vistió y bajó a la calle.

Aunque… si lo hago con algo de ayuda, será más fácil, pensó.

  • Una caja de codeína, por favor –le pidió al farmacéutico.
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