Cuaderno de bitácora del confinamiento (día ocho)

23 de marzo, 2020

Aún no he hablado de mi azotea. Me refiero a la azotea de mi edificio que “es particular, cuando llueve se moja como las demás”.

En muchas ocasiones he subido a la azotea a tomar el sol. Para mí, desde hace tiempo, ha sido un lugar en el que estar a gusto, yo sola.

Pero ahora la azotea se ha convertido en mi salvación. Subo todos los días (bueno, tal vez hoy no lo haga, pues llueve de lo lindo), y allí corro (vueltas y vueltas), practico step (soy una stepper, que no una striper), estiramientos, me fumo un cigarro, tomo el sol, miro al horizonte, escucho a los pájaros, siento el viento en la cara… Y todo esto sin que nadie me moleste.

Algunos vecinos suben arriba a tender la ropa, pero yo nunca los he visto, veo su ropa, ora sí ora no.

Hoy quiero hacer un homenaje a este refugio de libertad (un buen oxímoron para los tiempos que corren) que en estos momentos me ayuda a llevar mejor el confinamiento.

Mi azotea tiene forma cuadrada, con una caseta en el medio (la del ascensor y otros menesteres que desconozco) y, al lado de la misma el hueco del patio de luces del edificio. Desde el muro del fondo a la izquierda veo el mar, y el espigón en el que suelo (solía) correr. Desde ese mismo muro, pero a la derecha, veo la plaza  San Francisco (una de las más bonitas de Santa Cruz), la torre de los viejos juzgados con su reloj parado, la iglesia que da nombre a la plaza y al fondo la copa de los árboles de la plaza del Príncipe.

Desde el muro a la derecha, y al fondo, más allá de los edificios del barrio de El Toscal, veo las montañas del parque rural de Anaga, otro sitio de mis correrías que ahora tanto echo de menos.

Al lado de mi azotea hay dos más similares de los edificios colindantes, separadas por un muro de un metro, que no salto, pues yo no me meto en azoteas ajenas.

Desde mi azotea veo las azoteas de otros edificios, más grandes, más pequeñas, mejor pintadas y decoradas… Pero a mi no me importa que mi azotea no sea ni la más grande ni la más hermosa, pues es MÍ azotea y la quiero como es.

Cuando estoy con/en ella pienso en muchas cosas: en todo lo que está pasando; en por qué no están las azoteas de la ciudad llenas de gente; en mi familia… y también pienso en ti. Y se me ocurren cosas muy ingeniosas, de hecho ayer encontré la forma de acabar con el confinamiento sin riesgo para la población.

Pero esto os lo cuento mañana, pues hoy solo quería hablar de mi azotea, que…

” (…)
es particular.
Cuando llueve se moja
como las demás.

Agáchate,
y vuélvete a agachar,
que los agachaditos
no saben bailar.

Hache, i jota, ka
ele, elle, eme, a,
que si tú no me quieres
otro amante me querrá.

Hache, i jota, ka
ele, elle, eme, o,
que si tú no me quieres
otro amante tendré yo.

Chocolate, molinillo
corre corre, que te pillo
A estirar, a estirar
que el demonio va a pasar

Ahí queda esto.

Abrazos

 

 

 

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