Cuaderno de bitácora del confinamiento (resiliencia)

9 de mayo, 2020

Resiliencia, concepto físico que expresa la capacidad de un material de recuperar su forma original después de haber sido sometido a altas presiones. La palabra, que proviene del inglés resilience, se ha empezado a usar en el mundo de la psicología para denotar la aptitud de las personas para superar tragedias o acontecimientos fuertemente traumáticos.

Ahora nos toca hacer acopio de toda la capacidad que podamos para poder volver a recuperar “nuestra forma original”, o lo que es lo mismo, para saber cómo vamos a volver a la vida social que conocíamos antes de la pandemia.

No, por un tiempo, que yo no me atrevo a pronosticar, pero que colijo que ni el comité de expertos (¿?) del Gobierno puede hacerlo, nada o casi nada volverá a ser lo mismo.

En Canarias, por la parte que me toca, entramos este lunes, 11 de mayo, en fase 1, pero ¿seremos capaces de ir a tomar una cerveza a una terraza con un amigo o amiga que se sentará a dos metros de distancia? ¿Iremos con mascarilla que nos quitaremos para cada trago que le demos a la tan preciada cerveza (o vino o cubata o lo que cada uno quiera tomar) y nos la volveremos a poner? Y de los pubs, donde las personas nos apiñábamos para tomar unos tragos y conversar, ni hablamos.

Y no dejo de preguntarme cómo serán a partir de ahora los encuentros sociales en mi tierra, mi querida tierra leonesa, lugar de alterne y disfrute en bares y restaurantes donde las haya. Allí, donde ir a tomar un corto de cerveza o un vino con su exquisita tapa gratis como acompañamiento, ¿se perderá tan loable y arraigada costumbre que fomenta las relaciones sociales y de amistad?

Esa “ruta de los elefantes” que en León nos encanta hacer, por ejemplo en los bares de mi pueblo, Veguellina de Órbigo, o en los populosos barrios de la capital, como el Húmedo (famoso en el mundo entero) o el Romántico, ¿qué será de ella?

Y para las personas que aún estamos en edad de merecer (¿?), ¿cómo van a ser ahora esos encuentros en los que antes conocías a otro congénere, en similar actitud, con quien entablabas una conversación delante de una copa y que daba pie a todo tipo de expectativas?

  • Hola, –dirá él a la mujer con mascarilla que está a dos metros de distancia y que manda mensajes sutiles con sus graciosos ojos.
  • Hola, –responderá ella, sonriendo con la mirada.
  • Si quieres, vamos allá –indicando un lugar apartado, muy apartado- y nos quitamos las mascarillas un ratito. ¿Te apetece? –insinuará el juguetón muchacho.
  • No sé, no sé –reflexionará ella, que se arriesga a “desnudarse” ante un hombre que luego resulta que es más feo que Picio.

Volveremos a las costumbres de hace un siglo, cuando jóvenes casaderos se hacían novios y paseaban juntos por la calle, a plena luz del día y con carabina, sin poder cogerse de la mano y cuyo primer beso llegaba en la noche de bodas. Si luego había incompatibilidades de algún tipo apechugabas con ellas el resto de tu vida.

No sé, pero vamos a necesitar mucha resiliencia, en el sentido físico del término, para volver a nuestro estado original. O tal vez, logremos solucionarlo con imaginación, con mucha imaginación.

Besos prepandémicos.

Foto de la entrada: Un hombre tranquilo, de Jonh Ford.

Si quieres pincha aquí, donde se aclaran algunas dudas de la fase 1.

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