Operación magenta (2025)

Junio, 2025

Cuando llegó a casa, Gloria se preparó, como siempre, un té rojo. Mientras el agua se calentaba, encendió su ordenador y también el de Juan. Cuando realizaba esa maniobra, no pudo por menos que mirar hacia el desinfectador que estaba sobre la puerta principal, que daba directamente al amplio salón de su casa donde tenía la zona de despacho. Le dieron ganas de volver a apagarlo, pero no quería arriesgarse a otra visita sorpresa. A cambio hizo el gesto internacional de mostrarle a aquel aparato silencioso el dedo anular de la mano derecha. Un gesto inútil, a efectos reales, pero era la forma de demostrar su rebeldía contra esa política de poder sobre la privacidad de las personas.

En el ordenador de Juan abrió la carpeta número 2 y confirmó que una de las agencias de viajes de las que había información en aquel documento Excel era Babilonia Tours. Con el ratón arrastró el documento hacia la derecha, hasta llegar a la tabla donde estaban indicados los hoteles con los que operaba. Como le había dicho Luisa, la mayoría se ubicaban en el sur de la isla, pero había tres del norte: dos de ellos estaban en Puerto de la Cruz y el otro… ¡el otro era el hotel donde se alojaba Alfredo!

Como era un hotel nuevo desconocía la filiación del mismo. Lo poco que sabía es que la cadena a la que pertenecía, Omega Group, era de capital español. Conocía bien los hoteles del norte que aparecían en la lista, por lo que decidió indagar sobre el hotel de Santa Cruz.

Entró en la web de la cadena Omega Group. Tenía un diseño innovador y muy intuitivo. Comprobó que en Canarias tenían solo ese hotel en Santa Cruz de Tenerife y otro en Las Palmas de Gran Canaria, vinculados al turismo de congresos y viajes de empresa. El resto estaban distribuidos por los destinos más turísticos de la península. En una pestaña anunciaban sus proyectos de expansión, e informaban de que las islas era un destino prioritario en su crecimiento.

Siguió mirando, hasta que llegó a la parte inferior del sitio web. Allí aparecía el logotipo de los fondos de la Unión Europea que se destinaban a los países miembros para su recuperación de la recesión provocada por la pandemia, el Fondo Europeo de Recuperación Nacional, Feren. Y al lado estaba el logotipo del Ministerio de Fomento e Inversiones, el del Ministerio de Asuntos Sociales y el logotipo de la Dirección Nacional de Recursos para Mayores, que era la que, a su vez, gestionaba la Agencia de Atención Vacacional para Mayores.

“Es decir”, coligió Gloria, “que esta cadena de hoteles es de titularidad estatal”. O dicho de otra manera, el Gobierno tenía su propia cadena de hoteles vacacionales. Tras la crisis, el Estado había insuflado dinero a muchas empresas privadas para evitar su desaparición, y se había convertido en el principal accionista, pero desconocía que hubiera creado su propia marca de alojamientos turísticos. Y además, por lo que pudo comprobar en la web, su fuerte eran los paquetes vacacionales que ofrecía la AAVM.  ¿Por qué ese segmento de edad?, se preguntó Gloria, quien consideraba que no era, en principio, el más rentable.  O tal vez fuera por eso mismo.

Gloria recordó que las residencias de mayores y los geriátricos, anteriormente gestionados por fondos de capital riesgo, habían pasado a manos del Estado para evitar la especulación, casi inhumana, de estos centros que había llevado, en el primer y peor confinamiento, a la muerte en cadena de muchos ancianos que no recibieron la atención hospitalaria requerida. Era lógico que el Estado hubiera tomado cartas en el asunto, e intentara proteger a uno de los colectivos más vulnerable y vulnerado de la sociedad.

Pero de ahí a tener una cadena de hoteles para los viajes vacacionales de los mayores, había una gran diferencia. Además, por lo que estaba viendo se trataba de hoteles de cuatro y cinco estrellas, cuyas tarifas no estaban al alcance de muchas economías.

Volvió a la página Excel del documento de Juan y comprobó que los hoteles que estaban en la lista eran también de lujo, e incluso alguno de lujo superior. Si querían proteger a los más desfavorecidos aquella no era, según entendía Gloria, la forma más apropiada.

Quería entrar en la web de Babilonia Tours cuando comprobó que se le había ido la tarde. Tenía aún que vestirse para encontrarse con Víctor y le quedaba poco tiempo.

Apagó los dos ordenadores y se dirigió al baño. Se pintó los ojos y se arregló el pelo, un tanto desastrado después del encuentro con Alfredo. Abrió el armario y lo primero que vio fue un vestido que hacía unos días le había regalado su amiga Annabel, “para encuentros muy especiales”, le había dicho. Aquel le parecía que podía ser el momento de estrenarlo. Era un vestido negro, con escote palabra de honor ribeteado en dorado. Se estrechaba en la cintura desde donde salía un corto volante que caía con gracia sobre la falda también muy estrecha.

En definitiva, un vestido elegante que marcaba perfectamente las curvas de su cuerpo y disimulaba, aún mejor, sus formas menos atractivas. Se puso unas sandalias negras y una cazadora vaquera encima, que daba el necesario toque informal al atuendo. Cogió un bolso negro y volcó todo el contenido del anterior a ese. La pulsera de Unode50 que tanto le gustaba, dos discretos anillos y ya estaba completo el ajuar.

Se miró en el espejo y dio un aprobado alto a su aspecto, por no exagerar. En el reloj del móvil vio que faltaban quince minutos para las nueve. No importaba si llegaba un poco antes que Víctor, ella desdeñaba esa norma no escrita de que la mujer siempre tiene que hacer esperar al hombre.

Cerró la puerta tras de sí. Ya estaba preparada para el segundo asalto del día.

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