Epílogo a la primera parte de Operación magenta

21 de junio, 2020

Estimadas amigas, lectoras y seguidoras, y su versión masculina, cuando empecé a escribir Cuaderno de bitácora, al principio, y la novela Operación magenta (2025), después, me autocomprometí a que estaría día a día con vosotras/os hasta que el Estado de Alarma llegara a su fin.

Afortunadamente, volvemos a recuperar una cierta normalidad en esta confinada-desescalada vida que hemos tenido durante tres meses. Salimos, viajamos, podemos encontrarnos con nuestros seres queridos… y hacer todo aquello que habíamos pospuesto en contra de nuestra voluntad.

En cualquier caso, en estas circunstancias, es necesario que Gloria y Alfredo sigan investigando, pero con mucha más precaución de la que han tenido hasta ahora. Cada vez están más cerca de saber en qué lio se ha metido Juan, dónde podría estar y qué le ha podido pasar. Pero como la sombra del Gran Hermano, que todo lo ve y todo lo oye, es muy alargada, han decido no hacer públicos sus hallazgos hasta que no logren desentrañar la trama completa.

Dicho de otra  manera, la novela sigue, por supuesto, pues como autora estoy entusiasmada con mis personajes y los conciliábulos que están a punto de sacar a la luz,  pero para conocer el final tendréis que esperar a que se publique el libro. Acaba de empezar el verano, y si Gloria, Alfredo y yo seguimos a este ritmo, es posible que con el cambio de estación, y la caída de las hojas de los árboles, la novela esté ya en las librerías de toda España, y del mundo entero si fuera necesario.

El título de la misma no será Operación magenta, que no está mal, pero no es suficientemente descriptivo. Me lo tengo que currar un poquito más, aunque si tenéis sugerencias al respecto, me encantará escucharlas.

Mis queridos amigos, lectores y seguidores, y su versión femenina, gracias por estar conmigo durante estos tres meses de escritura diaria, y ahora, a unos y a otras, y a otros y a unas, espero veros para tomar una cerveza, disfrutar de una buena comida, en las vacaciones de verano, en un viaje inesperado, paseando por la playa o a la orilla del río. En cualquier caso, como dije en un primer momento, muchos fueron los llamados, pero pocos los escogidos, o mejor dicho, pocos, pero muy buenos, los que decidisteis quedaros conmigo estos tres largos meses.

Querido público, vosotros que habéis leído las aventuras de Gloria y Alfredo durante 34 días, os espero al otro lado de la pantalla del ordenador para abrazaros (o hacer coditos, vamos a ver cómo van las cosas) y agradeceros cara a cara que hayáis “creído” en esta historia de intrigas y pasiones, que se inició sin pretensión ninguna, pero que ha cobrado vida propia y ahora me recuerda cada día que, como a un hijo, tengo que cuidarla y alimentarla hasta que pueda independizarse.

Besos, abrazos y coditos para todas, y también para vosotros.

 

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