Cuaderno de bitácora del confinamiento (ya menos)

1 de mayo, 2020

¡¡¡Por fin me van a soltar!!! Ayer hablé con el abogado (del Estado) y me explicó un montón de nuevos decretos, leyes, normas, reglamentos, artículos, apartados a dichos artículos, apartados a los apartados de los artículos, leyes antiguas y leyes nuevas… Me llenó la cabeza de tantos términos de leguleyos que, ya cansada, le espeté:

  • ¡O te callas de una vez o te pongo una mordaza!

Ahí enmudeció de golpe, alguna palabra mágica debí decir.

  • Disculpa –respondió.

Y entonces ya me lo contó en el lenguaje que yo, y la mayor parte de los mortales, comprendemos.

  • Para que lo entiendas, –me dijo- este sábado podrás salir a la calle, pero con restricciones. Ve preparándote –apostilló.
  • Y ¿cuáles son esas restricciones?
  • Podrás salir solo unas horas al día; no podrás acercarte a nadie y tendrás que volver a tu casa cuando lo determine el toque de queda.

Bueno, algo es algo. Después de 49 días, 12 horas y veintitrés minutos de encierro podré ver la luz  del día; podré mirar al cielo y no ver solo balcones y ventanas; podré moverme con libertad sin temor a que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado me detengan; podré respirar aire puro, y no el aire enrarecido con olor a sudor, tabaco y cerveza de mi casa-prisión.

Por eso hoy me he puesto manos a la obra: primero he tirado a la basura el pijama, que de tanto uso está hecho unos zorros. Y he dedicado la mañana a prepararme para la gran salida: me he afeitado los pelos de las piernas y los del sobaquillo; me he depilado los pelitos del bigote (pelillos a la mar); me he arreglado mi larga melena; me he cortado las uñas, de las manos y de los pies; he sacado mi ropa de deporte y mis zapatillas del armario, donde las polillas empezaban a dar cuenta de ellas… Y he preparado provisiones para llevarme, por si el hambre me pilla en mis horas de libertad poder echarme algo al coleto.

También hoy haré algunos ejercicios para desentumecer mi ajado cuerpo y que mañana, cuando salga rauda y veloz, no me dé una pájara.

Y una vez que tenga todo preparado y esté bien arregladita, me quedaré al lado de la puerta de mi casa-prisión para mañana, a las seis horas y un minuto, estar ya en la calle, dispuesta a ponerme el mundo por bandera, aunque sea solo por unas horas.

Eso sí, prometo ser fiel a los decretos, normas, reglamentos y artículos impuestos; prometo seguir amando a mis semejantes en la distancia y en el tiempo; prometo cuidarme y cuidarte en la salud y en la enfermedad; prometo seguir queriéndote en la riqueza y en la pobreza (sobre todo en esta última, por la que se nos viene encima); prometo no parar de correr hasta que el cuerpo aguante. Y, sobre todo, prometo no dejar que el virus nos separe.

Ahora os dejo, pues aún tengo que quitar las telarañas de la puerta; abrir las ventanas de par en par; y dar un corte de mangas a la covid-19, para que sepa que conmigo no ha podido y que nunca podrá.

Abrazos

Nota: ya sabéis que en mis entradas suelo exagerar un poco…En realidad, no tengo tanto bigote.