Aquel desconocido

Cuando el avión aterrizó a primera hora en el aeropuerto Norte de Tenerife, la cabeza le estallaba de dolor. Sentía como las sienes le palpitaban,  como si fueran a reventar. No había comido nada desde la noche anterior, y se sentía débil, pero, como siempre le pasaba cuando estaba estresada, triste o feliz, desaparecía la sensación de hambre y no podía probar bocado. Sigue leyendo

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Algunos sí somos profetas en nuestra tierra

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Aseguran las lenguas maldicientes que nadie es profeta en su propia tierra, pero quien acuñó tal frase seguro que no era de León, tierra de acogimiento y grandeza donde las haya; y más que seguro que no era de Veguellina de Órbigo, primero porque, posiblemente, lo conocería, y segundo, porque no sabe del carácter cercano y acogedor de este pueblo hacia sus gentes, tanto con quienes hemos sido siempre de aquí, como quienes están de paso o quienes solo vienen de vez en cuando.

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