Cuaderno de bitácora del confinamiento (el día después)

 

18 de abril, 2020

Buenosssssssss días, o buenassssssss tardes (uffff, ¡mi cabeza!); sí, estoy aquí, un poco tarde, lo sé, supongo que hoy pensabais que ya no acudiría a mi cita diaria con vosotros, y no me extraña, pues estas no son horas.

Vais a tener que disculparme, pero (¡¡¡huy, mi cabeza!!!), me he levantado un poquito tarde esta mañana, bueno más bien esta tarde, y con un terrible dolor de cabeza. Creo que estoy de resaca…, creo no, seguro.

Y es lógico, el fiestón que tuve ayer por mi cumpleaños, ufff, ni os lo imagináis. A las ocho de la tarde quedé con mis amigotas y amigotes en la casa de una de ellos. Cenamos algo, luego vino la tarta (¡¡¡¡happy birthday to you, happy birthday to you, happy birthday, dear Doris, happy birthday to you!!!! –lo escribo en inglés porque al leerlo a todos nos viene enseguida la musiquita a la cabeza-), con sus velas, 54; no, no cincuentaicuatro velas, sino dos velas con el número cinco y cuatro.

Pedí un deseo y soplé: sí, más o menos va por donde os imagináis… Para los mal pensados, no, no está relacionado con ningún joven atractivo con uniforme o sin uniforme. Mi deseo, y os lo voy a decir, porque se acabará cumpliendo de todas formas, es que más pronto que tarde podamos volver a estar todos juntos, para abrazarnos, besarnos, tocarnos (¡anda, aquí apareció el joven atractivo!), y poder recuperar nuestra vida normal, tal y cómo la hemos conocido hasta ahora.

Luego llegó el momento de los regalos. Mis queridos amigos siempre saben lo que más me gusta que me regalen: ¡¡¡gracias a todos, tengo lectura hasta final del confinamiento… y hasta que me jubile!!!

Y después destapamos botellas de cava, de vino canario, abrimos cervezas… La música subió de volumen, y bailamos con las canciones de Alaska y Dinarama, El último de la fila, Tino Casal, Luz Casal, Los Ronaldos, Gabinete Galigari, Radio Futura… Todo muy ochentero y todo producto nacional, pues nos han dicho que para salir de la crisis económica que está creando la crisis sanitaria tenemos que consumir productos del país. Pues nosotros hicimos patria, con una cerveza Dorada en una mano y la otra en la cintura de nuestro compañero o compañera de baile, mientras reíamos y brindábamos.

La noche se alargó tanto que llegó, sin darnos cuenta, la madrugada, y ya clareaba sobre el cielo encapotado de Santa Cruz cuando nos retiramos los que aún quedábamos en pie. Guardé mis regalos-libros, me quedé con las velas del 54, como recuerdo muy especial, y volví a mi casa mirando con cautela hacia un lado y otro de las calles.

Pero, ¡cómo me duele la cabeza hoy! Disculpadme, voy a la cocina a por una, o dos, aspirinas… ¡Madre mía!, pero ¿qué ha pasado en esta casa?: la televisión está puesta –por cierto, ¿por qué está en el canal de La tienda en casa?); hay botellas de cerveza vacías tiradas en el salón; los restos del pollo que ayer cociné al mediodía siguen en el plato; el cenicero rebosa con mis cigarros; y huele horriblemente a cerrado… como si llevara sin salir de esta casa más de un mes…

Bueno, voy a tomarme las aspirinas, y, como decía Scarlett O´Hara en Lo que el viento se llevó,  “ya lo pensaré mañana”.

Besos.

Nota: cuando la vida no me da historias para contar, yo le cuento historias a la vida.

Cuaderno de bitácora del confinamiento (día para celebrar)

17 de abril, 2020

54 primaveras, literalmente, que una lleva en este mundo… Un mundo que ahora vive de puertas para dentro.

¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!, mis queridos amigos, por las llamadas y los wasaps de felicitación. Ha sido realmente emocionante, y mi corazón rebosa de alegría por saber que ahí, al otro lado de la ciudad y allende los mares estáis hoy conmigo y en mí. Os quiero a todos y todas, y a esos y a esas.

Si nada de esto estuviera ocurriendo, este año había decidido hacerme un regalo personal e intransferible: hoy hubiera estado en Madrid, y en la noche hubiera ido al Teatro Real a escuchar la ópera de Fidelio  (o el amor conyugal, qué apropiado en estos momentos), de Beethoven, dirigida por Gustavo Dudamel e interpretada por la Mahler Chamber Orchestra.

Aún tengo la página del periódico en la que lo vi hace meses, y que clavé con una chincheta en mi corcho para que no se me olvidara. Y ahí pienso dejarla, pues habrá un día en que todo esto vuelva a la normalidad y podamos recobrar el tiempo perdido… Hoy, para resarcirme, la escucharé en el equipo de música.

Y como es viernes, hubiera aprovechado el fin de semana en Madrid, para disfrutar de esa hermosa ciudad y de mis amigos.

Como ya dije en una ocasión, uno planifica y la vida se encarga de hacer de las suyas, y esta es una de las gordas que nadie se esperaba. Pero no os llevéis a engaño, estoy muy muy animada, toda la mañana ha sido un sin parar de felicitaciones y de parabienes, por lo que, sin duda, soy una persona realmente afortunada, rodeada del amor de la familia y los amigos. ¿Qué más se puede pedir?

Está bien, desearía poder salir a la calle a tomar unas cervecitas y celebrar un cumpleaños como debe ser, pero alguien me ha dicho hoy que en confinamiento no se cumplen años, por lo que en el fiestón por todo lo alto que voy a celebrar el año que viene, pongo las velas de mis 54 años y tan ricamente. Yo nunca me he quitado años (para qué si estoy divina -permitidme hoy este pequeño arrebato de narcisismo-), pero me los han quitado las circunstancias.

Aunque tampoco tanto, pues con confinamiento o sin él, estamos aquí, vivimos, sentimos, amamos, lloramos, gritamos, cantamos, nos desesperamos y luego, una vez más, nos esperanzamos porque sabemos que “siempre que llovió, escampó”.

Por tanto, querida familia, amigos, conocidos y desconocidos, feliz día para todos vosotros, que os lo merecéis más que yo por seguir ahí.

Millones de besos, abrazos y achuchones de los que cortan la respiración.

Nota: la foto es de cuando cumpli 50 abriles, que fue toda una fiesta.

Cuaderno de bitácora del confinamiento (día veintiséis)

10 de abril, 2020

Ayer batí un récord con las visitas y las lecturas a mi blog. Superé la mítica cifra de 200 visitas. Ya sé que parece poco, pero depende con qué lo comparemos. En cualquier caso, en parte se debe a que toda la familia de mi vecina Silvia leyó lo que escribí y les gustó mucho, ¡hasta me han dicho que escribo bien!

Bueno, solo espero que los nuevos seguidores de mi cuaderno de bitácora se unan a los ya asiduos y fieles lectores. En cualquier caso, de lo ocurrido saco dos conclusiones. La primera es que cuando algo se hace desde el corazón se nota y el sentimiento viaja a través de las redes, atraviesa mundos e impacta en las emociones ajenas. Y segundo, que no todos los días del confinamiento estaré tan sembrada, y con mensajes de tanto calado.

La cosa ya va para un mes, y lo que nos queda, por lo tanto, disculpadme, queridos seguidores, si no siempre saco un conejo de la chistera, y en algún momento, como hoy, me pierdo por los cerros de Úbeda o estoy en Babia (si me dan a elegir, me quedo en Babia, hermosa comarca leonesa de donde viene el famoso dicho).

Como ya hemos acordado que me quedo en Babia, quiero poner una pica en Flandes (está claro que me ha dado por viajar…), y hacer una aclaración que, si bien nadie me ha pedido, la entiendo como compromiso propio: cada día, en este cuaderno de “aventuras” destilo parte de mi misma, de mis pensamientos y experiencias personales. Y lo hago con todo el positivismo y el humor que me caracterizan, y con la certeza absoluta de que, a pesar de las circunstancias, soy una persona privilegiada.

Pero no pretendo ser frívola ni trivial, soy consciente de que de puertas para dentro en muchas de las casas de este país se está viviendo un drama, una situación insostenible por cientos de causas que desconozco, y que, como mucho, puedo conjeturar.

No obstante, la honestidad conmigo misma y con la literatura, que tanto amo, me empuja a escribir sobre lo que sé, lo que siento y lo que pienso, no sobre lo que podría saber o podría pensar.

Y lo que sé es que mi familia y amigos más cercanos están bien. Lo que siento es mucho amor por todas las personas que estabais a mi lado a. del C. y que estaréis d. del C. (estas abreviaturas están explicadas en la entrada del día dieciocho). Y lo que pienso es que ser honesta conmigo misma, y sincera con los demás, es un buen camino por el que transitar. Sin pretensión de alcanzar los oropeles de ninguna fama, salvo la que pueda tener conmigo misma entre las cuatro paredes de esta casa que ahora es mi refugio, mi parque, mi mar, mi paseo por las montañas, mi teatro, mi cine, mi cena con amigos, mis cervezas entre risas, mi viaje fuera de la isla…

En definitiva, dentro de esta casa-refugio cada día acaece un pequeño milagro que es el de seguir aquí, tener salud y poder contarlo. Y cada día deseo que allá donde tú estás, estés bien y que mis pequeños devaneos con la literatura te sirvan, al menos, de escarceo (el pareado está hecho adrede).

Muchos besos de los que superan las leyes de la física.

Nota: la foto es de la comarca de Babia, para que flipéis.

Cuaderno de bitácora del confinamiento (día diecinueve)

3 de abril, 2020

Disculpadme que hoy no me detenga mucho para escribir, pero es que tengo que coger un avión en la tarde, para mis vacaciones de Semana Santa. Me voy a Madrid, donde estaré un par de días, para ver a amigos (Patrick, Itziar, Sadiel, Richi…, que os quiero mucho) y visitar museos, como siempre.

Luego, ya en tren de alta velocidad, me iré a mi pueblo en León, Veguellina de Órbigo, el pueblo, para mí, más bonito del mundo; veré a mi familia, sobre todo a mi madre, y saldré de vinos con mi querida amiga Sonia, que tanto echo de menos, y con su pareja Rafa. También iré un día a León, a ver a María, otro amor de mi vida, y veremos alguna procesión, mientras ella, experta en estos temas, me va explicando cada uno de los pasos y su significado. Creo que hace frío por mi tierra, pero no importa, estoy dispuesta a aguantar lo que venga.

Y también…¡¡¡Huy!!!, creo que me he liado, esto es lo que hice el pasado año. En mi cabeza se confunden los días con las semanas y las semanas con los meses.

Y esto será lo que haga, espero, en verano (sin procesiones, claro), pero para entonces, seguro, que lo valoraré todo mucho más. Ese encuentro con mi madre será más emocionante que nunca; y lloraré más cuando tenga que dejarla para regresar a Tenerife. Abrazaré con locura a mis hermanos, cuñadas y sobrinos. Y brindaré por la vida con mis amigas y amigos.

Todo volverá a ser igual… no, será aún mejor, no tengo ninguna duda.

En cualquier caso, queridos seguidores de este blog, os dejo, que tengo que volar… con mi imaginación.

Besos y feliz Semana Impía.

Nota: la foto es de la plaza de Veguellina

Cuaderno de bitácora del confinamiento (día nueve)

24 de marzo, 2020

Bueno, ayer prometí contaros el método que se me ocurrió, mientras estaba en la azotea, para poder salvar el confinamiento sin correr riesgos innecesarios.

Veréis, hay que hacer lo mismo que se hace en las grandes urbes cuando se quiere controlar el nivel de contaminación: se restringe el uso de los vehiculos de tal manera que, según la matrícula, se pueden utilizar unos días sí y otros no.

Pues eso mismo, pero con las personas. Me explico: por ejemplo, los lunes podrían salir a la calle a pasear las personas cuyo primer apellido empiece por las letras A, B, C y D. Luego el martes saldrían los de las letras E, F, G y H… y así sucesivamente hasta llegar al domingo.

Ventajas de este método:

1- La salida se hace escalonada y controlada…, pero ¡¡¡SALIMOS!!!

2- En un grupo familiar, el padre sale con los hijos siempre (se siente, cosas del patriarcado), y la madre lo hará otro día con sus amigotas o/y amigotes. Si la letra de los apellidos de la pareja son correlativos, mala suerte. Si eres de la A haberte casado con la Z, que dicen que los extremos se juntan.

3- Nos pondríamos todos como locos mirando (y preguntando en caso de no saberlo) los apellidos de nuetros amigos y amigas a ver con quién nos tocaría salir, para ir haciendo planes.

4- Nos quitaríamos el pijama y nos pondríamos nuestra ropa de gala, la mejor que tengamos en el armario.

5- Como, de todas formas, tendríamos que guardar la distancia de seguridad requerida, nos dirigiríamos a la ciudad vieja de nuestra ciudad, siempre llena de calles estrechas, y cada persona iría por una de las aceras, pero pudiendo comunicarnos.

6- Habría un toque de queda, claro, desde las 10.00 a las 20.00 horas, por ejemplo, pero en ese tiempo podríamos hacer cualquier cosa, dentro de los límites de la decencia, y para los teletrabajadores las empresas deberán respetar las horas de “suelta”.

Problemas a tener en cuenta:

– La M, la P y la H son letras muy cotizadas (ya sabéis, Martínez -quien les habla-, Pérez, Hernández), y habría que ver que ese día no estén todos en las calles, y el día de la Z o la Y, nadie, lo que sería triste para estos últimos.

– Los paseadores de perros podrán seguir haciéndolo todos los días, pero ahora se vigilará que los paseos sean como han sido siempre: diez minutos, una cagada, una meada y para casa (me refiero al perro, no al dueño). Se acabó eso de hacer diez kilómetros de paseo perruno.

Bueno esta es mi propuesta, que en nada se la hago llegar a Pedro Sánchez (esperar a que pasen unos días más y que se me revire la cabeza). Dicen que estamos a seis personas de conocer a alguien. Pues en este caso yo estoy a una. El otro día, en un pequeño cotilleo sin importancia (¡ay, cómo me gusta un buen cotilleo!), me enteré de que un presidente  de una importante patronal canaria, que además ahora también ostenta el cargo en la nacional (y hasta aquí puedo escribir), es supersupersuperamigüito de Sánchez.

Y da la casualidad de que yo conozco al individuo de marras, ¡hasta tengo su móvil! La cosa va así: yo se lo cuento a él; él se lo cuenta al superpresi; a este le parece la idea más chachi de esta crisis y la pone en marcha, y después salimos a celebrarlo, pues da la casualidad de que la primera letra del apellido del individuo canario es igual que la mía.

En fin, ya os diré cómo va la cosa…

Abrazos a los cerdos y patadas a los niños.

Nota: la foto que ilustra este post es mi homenaje a A Coruña… a la que tanto quiero.

Cuaderno de bitácora del confinamiento (día séptimo)

22 de marzo, 2020

Esta tarde brindaré con una cerveza fría que se cumple una semana de esta situación tan anormal que nos está tocando vivir.

Hoy es domingo, y no tengo el cuerpo para muchas fiestas, no sé, en estos días hay para todo. Echo de menos a los amigos, los abrazos y los besos; echo de menos una conversación en la terraza de un bar o una cena en un restaurante. Echo de menos el contacto humano, y me resarzo besando y abrazando a Matilda (para los que no sepáis, mi gatita y la que ilustra esta entrada), que, por otra parte, está encantada.

Creo que, a su manera, ella sabe que algo distinto está ocurriendo en el pequeño mundo que la rodea. Esta mañana, al despertarme me dí cuenta de que Matilda se había metido bajo el edredón y tenía su lomo pegado a mi espalda. Fue una sensación estupenda. Pensé que me hubiera gustado tener la espalda de una persona (hoy pensé en un hombre, pero pasados unos cuantos días de confinamiento, me conformaré con lo que sea).

Y también pensé que siempre nos abrazamos de cara, pero el contacto de espalda con espalda tiene algo especial. La teoría sobre el amor de Platón, como todos sabeís, reza que en el principio de la vida, hombres y mujeres estaban unidos, y debían estar unidos por la espalda, o al menos así me lo imagino yo.

Luego llegó Júpiter, que envidiosillo él del poder de los seres humanos decidió partirlos por la mitad, y, ea, lo hizo por la espalda, y de ahí que ya no podamos rascárnosla ni tocarnosla, que necesitemos siempre de otra persona para hacerlo. Lo que para mí es una manera que tiene la vida de recordarnos que siempre necesitamos de los demás, al menos para que nos rasquen la espalda.

Como hoy estoy filosófica, la primera reflexión sobre la teoria de Platón  me lleva, por cercanía, al mito de la caverna del mismo pensador, muy apropiado en estos días, ¿verdad? Pero esta reflexión la dejo para otro momento.

Pues ahora, después de comprar el periódico, subiré a la azotea a darme unas carreritas. Por cierto, ayer, como estaba esperando a que me trajeran el frigorífico y no sabía cuando llegarían, corrí en casa: 45 minutos entre la terraza y la habitación (me imagino que hay seis o siete metros, o tal vez menos), que a cinco minutos el kilómetro son nueve kilómetros. Me acompañó la música de Lila Downs.

(Nota: acabo de escuchar en la radio que se prolongará 15 días más el confinamiento).

Abrazos, amigos y amigas, y a ver cuándo podemos volver a rascarnos juntos.

Aquel desconocido

Cuando el avión aterrizó a primera hora en el aeropuerto Norte de Tenerife, la cabeza le estallaba de dolor. Sentía como las sienes le palpitaban,  como si fueran a reventar. No había comido nada desde la noche anterior, y se sentía débil, pero, como siempre le pasaba cuando estaba estresada, triste o feliz, desaparecía la sensación de hambre y no podía probar bocado. Sigue leyendo

Algunos sí somos profetas en nuestra tierra

doriscartel copia

Aseguran las lenguas maldicientes que nadie es profeta en su propia tierra, pero quien acuñó tal frase seguro que no era de León, tierra de acogimiento y grandeza donde las haya; y más que seguro que no era de Veguellina de Órbigo, primero porque, posiblemente, lo conocería, y segundo, porque no sabe del carácter cercano y acogedor de este pueblo hacia sus gentes, tanto con quienes hemos sido siempre de aquí, como quienes están de paso o quienes solo vienen de vez en cuando.

Sigue leyendo