Cuaderno de bitácora del confinamiento (día veintinueve)

14 de abril, 2020

Hoy me he levantado tensa e intranquila. Supongo que un mes de confinamiento pesan hasta en el ánimo del más templado, que no digo que sea el mío, que bien sabemos todos que una escritura con faltas de ortografía me saca de mis casillas…

Casillas, eso es lo que tenemos ahora, casillas, porque hasta las casas más grandes (el que la tenga) se nos acaba echando encima después de tantos días de encerramiento forzoso. Hoy me siento como John Cusack en la película Quiero ser John Malkovich (1999), pasando por aquella minipuerta que estaba escondida en su despacho y que le lleva a “aterrizar” en la cabeza del famoso actor (otra recomendación para estos Días de vino y rosas –caray, me ha salido otra película, ¿qué me pasa?-).

Siento que tengo que abrir pequeñas puertas invisibles hacia las mentes de otras personas, para sentirlas, vivirlas, y no tener la sensación de que nos hemos quedado solas en el mundo mi gata y yo.

Supongo que por eso recuerdo ahora películas que he visto, conciertos que he escuchado, teatro que he disfrutado, novelas que he leído… Y hablando de novelas, terminé hace unos días la última novela de mi querido amigo y colega escritor Mariano Gambín (archiconocido en el mundo de la literatura canaria, menos popular allende los mares), Las cenizas del cielo, una nueva y apasionante aventura de los protagonistas de sus thrillers, Ariosto, Sandra, Marta y Galán, que discurre en la histórica y patrimónica (ya sé que no existe esta palabra, pero si no te gusta que la use, ven a buscarme a casa y lo discutimos) ciudad de La Laguna.

Por supuesto, os recomiendo las obras de Gambín, y esta recomendación no la hago entre paréntesis, pues por algo una ha sido, es y será amiga del autor, amén de su correctora de estilo y periodista de turno.

Hoy me levanté tensa e intranquila, pero escuché mi ópera favorita, La traviata, de Verdi, a todo el volumen que permite la decencia; hablé con algunos de mis buenos amigos y llevé a cabo mis tareas profesionales, y parece que todo vuelve a estar en su sitio (sea cual sea ese sitio).

Ah, y mañana hablaremos del gobierno, que traducido quiere decir que os hablo de mis vecinos (en veinticuatro horas ha pasado de ser una vecina a varios, esto degenera por momentos).

Hoy os doy muchos muchos achuchones, de esos que tengo tantas ganas de dar y recibir.

Por favor, “métanse su móvil”…en el bolsillo

imagesHace unos días asistía a un concierto de los Niños Cantores de Viena (sin lugares y sin fecha, pues lo que quiero contar ocurre en cualquier parte y en cualquier momento), una oportunidad única de escuchar en directo esas jóvenes voces que nos deleitaron con obras unas clásicas y otras más contemporáneas.

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