Aquel desconocido

Cuando el avión aterrizó a primera hora en el aeropuerto Norte de Tenerife, la cabeza le estallaba de dolor. Sentía como las sienes le palpitaban,  como si fueran a reventar. No había comido nada desde la noche anterior, y se sentía débil, pero, como siempre le pasaba cuando estaba estresada, triste o feliz, desaparecía la sensación de hambre y no podía probar bocado. Sigue leyendo

Anuncios