Cuaderno de bitácora del confinamiento (día séptimo)

22 de marzo, 2020

Esta tarde brindaré con una cerveza fría que se cumple una semana de esta situación tan anormal que nos está tocando vivir.

Hoy es domingo, y no tengo el cuerpo para muchas fiestas, no sé, en estos días hay para todo. Echo de menos a los amigos, los abrazos y los besos; echo de menos una conversación en la terraza de un bar o una cena en un restaurante. Echo de menos el contacto humano, y me resarzo besando y abrazando a Matilda (para los que no sepáis, mi gatita y la que ilustra esta entrada), que, por otra parte, está encantada.

Creo que, a su manera, ella sabe que algo distinto está ocurriendo en el pequeño mundo que la rodea. Esta mañana, al despertarme me dí cuenta de que Matilda se había metido bajo el edredón y tenía su lomo pegado a mi espalda. Fue una sensación estupenda. Pensé que me hubiera gustado tener la espalda de una persona (hoy pensé en un hombre, pero pasados unos cuantos días de confinamiento, me conformaré con lo que sea).

Y también pensé que siempre nos abrazamos de cara, pero el contacto de espalda con espalda tiene algo especial. La teoría sobre el amor de Platón, como todos sabeís, reza que en el principio de la vida, hombres y mujeres estaban unidos, y debían estar unidos por la espalda, o al menos así me lo imagino yo.

Luego llegó Júpiter, que envidiosillo él del poder de los seres humanos decidió partirlos por la mitad, y, ea, lo hizo por la espalda, y de ahí que ya no podamos rascárnosla ni tocarnosla, que necesitemos siempre de otra persona para hacerlo. Lo que para mí es una manera que tiene la vida de recordarnos que siempre necesitamos de los demás, al menos para que nos rasquen la espalda.

Como hoy estoy filosófica, la primera reflexión sobre la teoria de Platón  me lleva, por cercanía, al mito de la caverna del mismo pensador, muy apropiado en estos días, ¿verdad? Pero esta reflexión la dejo para otro momento.

Pues ahora, después de comprar el periódico, subiré a la azotea a darme unas carreritas. Por cierto, ayer, como estaba esperando a que me trajeran el frigorífico y no sabía cuando llegarían, corrí en casa: 45 minutos entre la terraza y la habitación (me imagino que hay seis o siete metros, o tal vez menos), que a cinco minutos el kilómetro son nueve kilómetros. Me acompañó la música de Lila Downs.

(Nota: acabo de escuchar en la radio que se prolongará 15 días más el confinamiento).

Abrazos, amigos y amigas, y a ver cuándo podemos volver a rascarnos juntos.