La mujer del espejo

Eloísa se miró por cuarta, tal vez por quinta vez al espejo. Se sentía envejecida. Tres meses, solo habían pasado tres meses, y de repente parecía que fuera toda una vida.

No, le dijo Eloísa a la mujer que se reflejaba en el espejo, tú no eres yo. Yo soy fuerte, yo no sufro, yo no lloro nunca. Sin embargo, tú eres una llorona, eres débil, pusilánime. Llevas semanas llorando como una niña chica a la que han quitado su juguete más preciado.

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