Cuaderno de bitácora del confinamiento (día para celebrar)

17 de abril, 2020

54 primaveras, literalmente, que una lleva en este mundo… Un mundo que ahora vive de puertas para dentro.

¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!, mis queridos amigos, por las llamadas y los wasaps de felicitación. Ha sido realmente emocionante, y mi corazón rebosa de alegría por saber que ahí, al otro lado de la ciudad y allende los mares estáis hoy conmigo y en mí. Os quiero a todos y todas, y a esos y a esas.

Si nada de esto estuviera ocurriendo, este año había decidido hacerme un regalo personal e intransferible: hoy hubiera estado en Madrid, y en la noche hubiera ido al Teatro Real a escuchar la ópera de Fidelio  (o el amor conyugal, qué apropiado en estos momentos), de Beethoven, dirigida por Gustavo Dudamel e interpretada por la Mahler Chamber Orchestra.

Aún tengo la página del periódico en la que lo vi hace meses, y que clavé con una chincheta en mi corcho para que no se me olvidara. Y ahí pienso dejarla, pues habrá un día en que todo esto vuelva a la normalidad y podamos recobrar el tiempo perdido… Hoy, para resarcirme, la escucharé en el equipo de música.

Y como es viernes, hubiera aprovechado el fin de semana en Madrid, para disfrutar de esa hermosa ciudad y de mis amigos.

Como ya dije en una ocasión, uno planifica y la vida se encarga de hacer de las suyas, y esta es una de las gordas que nadie se esperaba. Pero no os llevéis a engaño, estoy muy muy animada, toda la mañana ha sido un sin parar de felicitaciones y de parabienes, por lo que, sin duda, soy una persona realmente afortunada, rodeada del amor de la familia y los amigos. ¿Qué más se puede pedir?

Está bien, desearía poder salir a la calle a tomar unas cervecitas y celebrar un cumpleaños como debe ser, pero alguien me ha dicho hoy que en confinamiento no se cumplen años, por lo que en el fiestón por todo lo alto que voy a celebrar el año que viene, pongo las velas de mis 54 años y tan ricamente. Yo nunca me he quitado años (para qué si estoy divina -permitidme hoy este pequeño arrebato de narcisismo-), pero me los han quitado las circunstancias.

Aunque tampoco tanto, pues con confinamiento o sin él, estamos aquí, vivimos, sentimos, amamos, lloramos, gritamos, cantamos, nos desesperamos y luego, una vez más, nos esperanzamos porque sabemos que “siempre que llovió, escampó”.

Por tanto, querida familia, amigos, conocidos y desconocidos, feliz día para todos vosotros, que os lo merecéis más que yo por seguir ahí.

Millones de besos, abrazos y achuchones de los que cortan la respiración.

Nota: la foto es de cuando cumpli 50 abriles, que fue toda una fiesta.