Cuaderno de bitácora de la desescalada (que no decaíga la música)

14 de mayo, 2020

La música ha sido una gran compañía en estos tiempos de alarma-confinamiento-desescalada. Qué me lo digan a mí, que he desempolvado viejos cedés que hacía tiempo que no escuchaba. Pero no hay nada mejor que la música en directo, y pocos tienen el privilegio, ahora, de poder disfrutar de ello, salvo mi amiga Mercedes.

Ella es la mujer de Luis, a su vez hijo de mi querida vecina Silvia (que ya conocéis), quien es abogado de profesión y saxofonista y flautista de vocación. Con el saxo tenor o la flauta travesera deleita cada día a su mujer con la mejor música de jazz, boleros y otros géneros de los años 30 y 40 del pasado siglo. Allí donde hay un buen tema, Luis pone la nota. En el sentido literal del término.

Gracias a la tecnología, se baja las partituras en el ordenador, elimina el saxo y cada día seduce a su reducido publico tocando con los mejores del mundo: Buena Vista Club Social, John Coltrane, Louis Armstrong, Billie Holiday y hasta con el grandísimo y siempre por mí adorado Jordi Saball se atreve.

Y como de familia le viene al galgo, sus tres hijos, Luis hijo, Mercedes hija y Eduardo, también son unos virtuosos de la música. Hubo un tiempo que Luis y Mercedes padres reunían a lo más granado en su casa de La Laguna que se convertía en un singular espacio de conciertos improvisados. Entre nota y nota, Mercedes preparaba unos riquísimos aperitivos de los que todos daban buena cuenta.

Un día, siendo Eduardo pequeño, en la escuela le preguntaron que si todos en la familia eran músicos, qué instrumento tocaba su madre:

  • Mi madre toca los cacharros en la cocina –respondió sin pensárselo dos veces.

Fue una hermosa declaración de intenciones, pues entre tanto virtuoso de la música, para mí la alma mater es Mercedes, que les cuidaba y les alimentaba para que ellos pudieran concentrarse en obtener la mejor nota musical y profesional en la vida.

Ahora los hijos viven y trabajan en otro país, pero Luis desenfunda cada día su saxo o su flauta travesera y llena de sonido y color cada rincón de la casa, esperando que un día el hogar vuelva a ser lugar de encuentro de familia y amigos.

Mientras tanto, Mercedes y Luis, mantienen los fogones encendidos y las notas altas, como los padres que dejan una luz encendida en la ventana para guiar al hijo que regresa en la oscuridad de la noche.

Besos a todos.

Nota: si tú también quieres que cuente tu historia de este confinamiento, házmelo saber.

El tamaño si importa

estanterias libros¿Por qué los editores de libros no los hacen todos de la misma altura? No me importa el grosor ni la anchura, pero ¡la altura, sí! Me he pasado tres, ¡tres largos días!, colocando los libros en una nueva estantería que he heredado (ya sabéis, lo que a mí me sobra le vale a otro y viceversa, costumbre, la del intercambio, tan sana en cualquier época, pero que en los tiempos actuales se ha extendido mucho más, afortunadamente). Sigue leyendo