Cuaderno de bitácora del confinamiento (by Matilda)

6 de mayo, 2020

Noto que algo ha cambiado en ella. Después de tantos años juntas, hemos encontrado ese estado de gracia de los seres que, de tan bien que se conocen, pueden comunicarse con una simple mirada. Y por eso sé que algo no va del todo bien.

Me explico: ella era mucho de entrar y salir, que si ahora iba a correr, que si luego tenía una reunión –yo sabía cuándo era de trabajo porque se quedaba mirando el armario durante un rato; si quedaba con amigos, con unos vaqueros, una camiseta y la cazadora de cuero estaba apañada-; que si iba al teatro, al cine, a un concierto…

Yo esperaba impaciente a que volviera a casa, y mientras se quitaba la ropa yo la seguía y me contaba cómo había ido todo. Ya estaba acostumbrada a verla y no verla; a que recibiera visitas, no siempre de mi agrado; a oírla hablar por teléfono con unas y con otros, incluso yo sabía con quién hablaba según el tono de voz que pusiera o las palabras que utilizara… ¡la muy pillina tiene sus secretos!

Sin embargo, de unos meses acá, todo se ha perturbado. Ya no sale casi nunca, está todo el día delante de su ordenador, escribiendo y escribiendo. Ha estado haciendo deporte, ¿en casa?, aunque desde hace unos días vuelve a salir por la mañana temprano para ir a correr, ¡menos mal!, pues me tenía loca de verla dando vueltas por el apartamento.

También ahora, todos los días, a punto de terminar la tarde y antes de que se avecine la noche, salimos a la escalera y nos reunimos con la vecina, Silvia, que a mí, por cierto, me cae estupendamente, aunque ahora no me deje entrar en su casa y campar a mis anchas como alguna vez hiciera antes. Pero es resimpática.

Tampoco sale por las noches, con lo que le gustaban a ella esas escapadas nocturnas. Se ponía esos vaqueros superajustados de los que os he hablado y allá que se iba a ver qué le deparaba la vida. Y de repente, nada. Yo estoy encantada, pues ahora nos quedamos juntas en el sofá y mientras ella ve una película o lee, yo voy cogiendo el sueño.

En general la veo tranquila, al menos así lo aparenta, pero en sus ojos hay un vago reflejo de tristeza o preocupación, tan sutil que ni ella es capaz de percibirlo, y en sus conversaciones se repiten continuamente palabras nuevas para mí: pandemia, coronavirus, alarma, confinamiento…

Esta última palabra es la que más repite, una y otra vez, una y otra vez. El otro día hablaba de ello, y creí entender que era algo así como quedarse siempre en casa, sin salir salvo que sea imprescindible.

La verdad es que no sé por qué esto es motivo de preocupación, yo no salgo nunca de casa, salvo para darme una vuelta por las escaleras del edificio, y desde el alféizar observo la vida tan ricamente.

Bueno ahora os dejo, que acabo de ver un pajarillo pasando delante de la ventana… está lejos, pero si pudiera atraparlo… ¡¡¡hum!!!

Nota: por cierto, hace tiempo que no veo a Pedrito, y lo echo de menos.

Besos para Matilda, mi querido animal de compañía.

¿Palabra escrita “versus” palabra hablada?

com. oral y escritaHace unos días participaba en una estupenda e interesante conferencia a cargo de un gran experto en oratoria moderna –como reza su tarjeta- y formador al mismo tiempo, cuyo nombre no voy a mencionar porque no le he pedido permiso (aunque seguro que no tendría inconveniente si se lo pidiera) y, cómo no, durante la charla yo puse mi granito, en este caso, de cal cuando defendí la comunicación escrita. Sigue leyendo